Alertan sobre la presencia de microplásticos en alimentos infantiles de Nestlé y Danone
Un reciente informe de Greenpeace Internacional ha encendido las alarmas al revelar la presencia de microplásticos en productos alimenticios para bebés de marcas como Nestlé y Danone, comercializados en envases de plástico flexible. Este hallazgo plantea serias dudas sobre la inocuidad de estos alimentos para la población infantil, la más vulnerable, y subraya la urgencia de reevaluar las prácticas de envasado.
La investigación, titulada “Pequeños plásticos, un gran problema: Los riesgos ocultos de las bolsas de plástico para alimentos infantiles”, detalló los resultados de pruebas de laboratorio realizadas en productos de las reconocidas marcas Gerber (Nestlé) y Happy Baby Organics (Danone). Los análisis confirmaron la existencia de microplásticos en todas las muestras estudiadas, además de detectar la presencia de diversas sustancias químicas relacionadas con el plástico tanto en el envase como en el propio alimento.
Según el estudio, la cantidad de microplásticos encontrada es considerable. Por cada gramo de alimento, se hallaron hasta 54 partículas en los productos Gerber y hasta 99 en los de Happy Baby Organics. Esto significa que un bebé podría ingerir miles de estas partículas con cada ración, lo que equivale a unos 270 y 495 microplásticos por cada cucharadita, respectivamente. El informe sugiere que el propio material de envasado de plástico es la principal fuente de esta contaminación.
Julio Barea, responsable de la campaña de residuos de Greenpeace, ha expresado su preocupación, destacando que las familias españolas confían en estas marcas para la alimentación de sus hijos. Criticó la popularidad creciente de estos envases flexibles en supermercados, que han desplazado a los tradicionales tarros de cristal bajo la premisa de la conveniencia. Barea enfatizó que el modelo de negocio de estas multinacionales, basado en el plástico, no puede garantizar la ausencia de microplásticos ni de disruptores químicos en sus productos, lo que, a su juicio, implica alimentar a una generación con residuos plásticos ante la inacción de los organismos reguladores.
Uno de los hallazgos más preocupantes es la identificación de un posible disruptor endocrino (2,4-DTBP) en las muestras de yogur de Gerber. Los datos establecen una relación directa entre el polietileno, utilizado como revestimiento interno de las bolsas, y los microplásticos hallados en los alimentos. Este tipo de envases multicapa, además, son prácticamente imposibles de reciclar de manera eficiente en España, lo que contribuye a la creciente crisis de contaminación ambiental.
Greenpeace ha instado a Nestlé, Danone y a otros fabricantes de alimentos infantiles a llevar a cabo análisis urgentes y a demostrar, con pruebas verificables, que sus productos no representan un riesgo para la salud de los niños. La organización ecologista también exige un compromiso firme para la eliminación progresiva de los envases de plástico, promoviendo alternativas reutilizables, libres de plástico y de sustancias tóxicas. Además, se ha solicitado al Gobierno que adopte una postura contundente en las negociaciones del Tratado Global de Plásticos de la ONU, abogando por la prohibición de estos envases dañinos y la reducción drástica de la producción global de plástico, con el fin de proteger la vida en el planeta.

