La agricultura regenerativa podría reducir drásticamente la escorrentía en Valencia
Una nueva era para la gestión del agua y la tierra
El Impacto Transformador de la Agricultura Regenerativa en la Reducción de la Escorrentía
La adopción de sistemas agrícolas basados en la regeneración del suelo podría disminuir significativamente, hasta en un 50%, el volumen de agua de lluvia que fluye superficialmente. Esta escorrentía, que los suelos no logran absorber, ha sido causa de graves daños, como las inundaciones en Valencia en 2024, que resultaron en una trágica pérdida de vidas y cuantiosas pérdidas económicas.
Análisis del Riesgo Sistémico y Potencial de Mitigación en Valencia
La Alianza Europea para la Agricultura Regenerativa (EARA) ha llevado a cabo un exhaustivo estudio de caso en la cuenca hidrográfica de Valencia. El objetivo fue evaluar el impacto que la agricultura regenerativa podría tener frente al riesgo sistémico que presentan los suelos degradados de la región. El informe se centra en la catástrofe de las inundaciones de Valencia de 2024, examinando cómo esta práctica podría haber contribuido a la mitigación en 316.000 hectáreas de terreno agrícola.
La Agricultura Regenerativa como Infraestructura Esencial ante el Riesgo Climático
Los hallazgos del estudio son contundentes: mientras que la gestión agrícola convencional convierte el 86% de las precipitaciones torrenciales en escorrentía superficial, la transición a la agricultura regenerativa podría reducir este porcentaje al 58% en uno o dos años, y al 46% a partir del cuarto año. Esto implicaría que el suelo retendría 212.000 millones de litros de agua adicionales en Valencia. Este volumen de agua, en lugar de provocar destrozos, se almacenaría en el suelo, enriqueciendo la vida microbiana y disminuyendo la necesidad de riego adicional. Además, se minimizarían los deslizamientos y la erosión superficial causada por las inundaciones.
Inversión Estratégica: Costos y Beneficios de la Transición
Según EARA, la completa transformación de las tierras agrícolas en riesgo se lograría en aproximadamente cinco años y su costo representaría solo el 5% de las pérdidas totales por inundaciones, eliminando un 80% de las pérdidas agrícolas. Esto posiciona a las tierras de cultivo como una infraestructura vital para la gestión del riesgo climático. Los sistemas regenerativos, al mejorar la infiltración del agua, reducir la escorrentía y estabilizar los suelos, actúan como sistemas descentralizados de retención hídrica y mitigación de inundaciones. A diferencia de las infraestructuras convencionales, estos sistemas mejoran con el tiempo y son significativamente más económicos.
La Urgente Necesidad de un Cambio: Lecciones no Aprendidas
Meghan Stapp, cofundadora de EARA y agricultora, subraya la intención del estudio de mostrar lo que se podría haber evitado en Valencia con la agricultura regenerativa y los peligros que aún se pueden prevenir frente a un calentamiento global creciente. Sin embargo, lamenta que esta transición no esté ocurriendo, indicando que “no hemos aprendido de esta señal de la naturaleza que nos exige cambiar nuestra forma de manejar el suelo”. A pesar de que se invertirán 500 millones de euros en infraestructuras para desviar futuras crecidas, no se destinan fondos a infraestructuras verdes que conviertan el suelo en una “esponja”. Stapp enfatiza que la sociedad no puede permitirse pérdidas millonarias recurrentes y que la agricultura regenerativa beneficiaría a bancos, aseguradoras y ahorraría fondos públicos al gestionar los riesgos de manera efectiva. Esta práctica, más allá de no dañar el medio ambiente como la agricultura ecológica, busca potenciar la recuperación de suelos degradados, aumentando su materia orgánica, su capacidad de retención de agua y la biodiversidad de sus ecosistemas.

