Europa: La ambiciosa iniciativa de eliminación de presas en 2025 para revitalizar ríos y ecosistemas
En un esfuerzo monumental por restaurar la vitalidad de sus vías fluviales, Europa emprendió una histórica campaña en 2025, eliminando 603 estructuras fluviales en 21 países. Esta iniciativa no solo facilitó la reconexión de más de 3,740 kilómetros de ríos, sino que también revitalizó ecosistemas que se creían perdidos. Este notable avance subraya un cambio fundamental en la gestión ambiental, priorizando la salud fluvial sobre la infraestructura obsoleta.
La estrategia europea de desmantelamiento de barreras fluviales va más allá de las grandes represas. Incluye la eliminación de estructuras menos imponentes como azudes, alcantarillas y pasos que, a pesar de su tamaño, fragmentan los ríos e impiden el flujo natural del agua, sedimentos y nutrientes. Estas pequeñas obstrucciones, muchas de ellas antiguas y sin una función clara, actúan como 'cremalleras mal cerradas', perturbando la conectividad fluvial esencial para la migración de peces y la salud general del ecos ecosistema acuático.
Los expertos enfatizan que incluso una barrera de pocos metros puede tener un impacto significativo en especies migratorias, impidiendo su acceso a zonas de desove vitales. La acumulación de miles de estos obstáculos a lo largo del tiempo ha transformado muchos ríos europeos en una serie de tramos aislados, degradando los hábitats naturales y afectando negativamente la calidad ecológica del agua. Un informe clave de Dam Removal Europe reveló que la mitad de las barreras eliminadas en 2025 eran alcantarillas y el 31% azudes, evidenciando la importancia de abordar todo tipo de obstrucciones.
Cuando una barrera es retirada, el río comienza a recuperar su dinámica natural. Se restablece el transporte de sedimentos, el agua fluye libremente y las especies acuáticas, como salmones y truchas, pueden acceder a áreas que habían estado bloqueadas durante décadas. Un ejemplo inspirador es el río Hiitolanjoki en Finlandia, donde el desmantelamiento de tres presas hidroeléctricas entre 2021 y 2023 abrió nuevas zonas de reproducción para estas especies, con nidos de desove observados poco después de la primera demolición. Aunque la recuperación total de un río puede llevar tiempo y variar según cada caso, la experiencia demuestra que la naturaleza puede responder con sorprendente rapidez cuando se eliminan los principales obstáculos.
Este movimiento restaurador está impulsado por la Regulación de Restauración de la Naturaleza de la Unión Europea, vigente desde agosto de 2024. Esta legislación establece el ambicioso objetivo de restaurar al menos 25,000 kilómetros de ríos a un estado de libre circulación para 2030, y exige que las medidas de restauración abarquen al menos el 20% de las zonas terrestres y marinas de la UE antes de esa fecha. Los países miembros deben presentar sus planes nacionales de restauración a la Comisión Europea antes de septiembre de 2026, lo que implica identificar y priorizar las barreras que causan mayor daño a la conectividad fluvial.
Suecia se destacó en 2025, liderando la eliminación de barreras con 173 estructuras, seguida de Finlandia y España. Países como Islandia y Macedonia del Norte también realizaron sus primeras eliminaciones, marcando un progreso en la extensión de esta práctica. Sin embargo, el informe de Dam Removal Europe advierte que las cifras reales podrían ser aún mayores debido a la falta de sistemas de seguimiento centralizados en algunos países. Una contabilidad precisa es crucial para una toma de decisiones efectiva en la restauración fluvial.
El proceso de remoción de presas no es una tarea sencilla; implica una planificación meticulosa que considera factores como los sedimentos, los permisos, los impactos en las riberas y los posibles contaminantes. Casos como el de Macedonia del Norte demuestran que, a pesar de los riesgos ambientales y los desafíos administrativos, la eliminación de barreras puede restaurar hábitats vitales para especies autóctonas y mitigar riesgos para las comunidades. En esencia, una barrera obsoleta que ya no ofrece beneficios pero genera costos ecológicos y de seguridad se convierte en un candidato ideal para su remoción, transformándose de un capricho ambiental a una decisión práctica. Este cambio de mentalidad, como lo expresó Chris Baker de Wetlands International Europe, concibe a los ríos sanos como una "infraestructura natural crítica", enfatizando que las presas obsoletas "no tienen por qué quedarse para siempre".

